Del milagro al sistema: el debate pendiente del deporte argentino

Del milagro al sistema: el debate pendiente del deporte argentino

Columna de opinión de Emiliano Ojea en Página 12 sobre el debate que está pendiente en el deporte argentino.

En Argentina, el deporte se suele contar desde sus logros. Cada medalla olímpica, cada campeonato mundial, cada historia de superación refuerza una narrativa que conocemos bien: la del talento individual que, contra todo, triunfa en el mundo. Y en cada logro repetimos la misma idea: el milagro argentino.

Es una historia potente, emociona, nos une y nos representa. Pero también es una historia incompleta. Porque mientras celebramos las excepciones, casi no discutimos el sistema que debería sostenerlas.

Y ahí aparece el verdadero problema: el milagro se transformó en el sostén de un modelo que está estancado hace años. Seguimos celebrando logros extraordinarios, pero sin discutir cómo construir resultados sostenidos.

Hay algunas preguntas incómodas que deberíamos empezar a hacernos:¿Qué pasa con todo lo demás? ¿Con los clubes, las federaciones, los entrenadores? ¿En qué condiciones se forman nuestros deportistas en su etapa de desarrollo y de alto rendimiento? ¿Sabemos cuál es el presupuesto real del deporte argentino en comparación con otros países de la región?

En Argentina todavía no sabemos cuántos deportistas federados tenemos, ni cuántos clubes hay a ciencia cierta. Hoy no existe una política pública nacional sostenida destinada a los clubes de barrio. El presupuesto es insuficiente y no permite que las federaciones puedan planificar a mediano y largo plazo.

El problema no es de las federaciones. No es de los clubes. Y mucho menos de la falta de talento.

Argentina tiene entrenadores reconocidos en el mundo y deportistas talentosos de sobra. El problema es otro: no tenemos un sistema deportivo definido.

El deporte argentino funciona como una suma de esfuerzos aislados: los clubes por un lado, conteniendo y formando; las federaciones por otro, organizando competencias y selecciones; las universidades queriendo involucrarse, pero sin un lugar definido; el Estado cada vez más ausente, sin políticas universales; y el sector privado apareciendo de forma fragmentada, sin una lógica común.

Todos cumplen un rol. Pero lo hacen sin articulación.

En ese contexto, los logros aparecen. Pero no como consecuencia de una planificación estratégica, sino a pesar de su ausencia. Son, muchas veces, el resultado de esfuerzos individuales que logran sostenerse en un entorno que no los potencia.

Desde el Observatorio del Deporte Metropolitano de la UMET empezamos a trabajar sobre datos concretos de clubes, federaciones y participación deportiva en el Área Metropolitana. Y los primeros resultados son claros: en al menos el 70% de los clubes del AMBA se practican deportes por fuera del sistema federado.

Esto significa que millones de personas sostienen el deporte todos los días sin estar integradas a una estructura que las acompañe, las potencie o las proyecte.

Esto también reafirma algo central: el rol social del club es irremplazable. El deporte es salud, educación, comunidad, inclusión y desarrollo económico. Pero si cada una de esas dimensiones funciona por separado, el resultado es un sistema que no se potencia a sí mismo.

El primer paso es dejar de debatir desde percepciones y empezar a hacerlo con datos. Porque si no sabemos cuántos deportistas están dentro del sistema y cuántos están afuera, dónde están los clubes y qué deportes se practican en ellos, con qué infraestructura municipal contamos o qué rol pueden jugar las universidades y las escuelas, entonces la pregunta es inevitable:

¿Qué estamos construyendo realmente?

Sin esa base de información, no hay política posible. Solo intuiciones. Y así es como, en gran medida, se viene gestionando el deporte en los últimos años.

El segundo paso es construir un modelo que articule a todos los actores. Un sistema donde la escuela, el club, la federación y la universidad no compitan, sino que se complementen y se retroalimenten. Donde el Estado ordene sin monopolizar. Donde el sector privado invierta con una lógica de desarrollo y no solo de oportunidad.

Un sistema que no dependa de nombres propios, sino de reglas claras y continuidad.

Porque el desafío no es tener logros. Es construirlos.

Y para eso, el deporte argentino tiene que dejar de depender del milagro y empezar a organizarse como sistema.

Este no es un debate técnico. Es un debate estratégico. Y es, sobre todo, un debate pendiente.

Lo que falta no es potencial. Lo que falta es decisión.

Emiliano Ojea

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