La historia de Martina, una joven que transita su segundo año en la Escuela de Verano de Talleres Oeste y recientemente dio el paso a la competencia federada en natación.
Martina tiene 13 años, participa por segundo año en la Escuela de Verano de Talleres Oeste y recientemente dio un gran paso como nadadora en aguas abiertas.
A días del cierre de una nueva temporada, las historias que se construyen en cada predio de la provincia reflejan el valor del deporte como espacio de encuentro, formación y oportunidades. En la Escuela de Verano de Talleres Oeste, Martina Francesca Guzmán, de sólo 13 años, es una de esas protagonistas.

Este es el segundo año consecutivo que Marti asiste junto a sus hermanas. Disfruta compartir con nuevos compañeros, conocer profesores y vivir cada jornada como un espacio de aprendizaje y diversión. Mientras cursa segundo año y mantiene un gran desempeño escolar, el deporte ocupa un lugar central en su vida.
Comenzó natación en la Sociedad Belgrano y, hace tres años, decidió asumir el entrenamiento con mayor compromiso. Luego continuó su formación en las escuelas de natación del Kempes, donde fortaleció su técnica y disciplina, y a mediados del año pasado dio un nuevo paso al incorporarse al Jockey Club Córdoba.
Allí entrena bajo la dirección de Cecilia Biagioli, reconocida nadadora olímpica cordobesa que representó a la Argentina en cinco Juegos Olímpicos y se destacó en pruebas de fondo y aguas abiertas a nivel internacional. Ese acompañamiento significó una referencia clave en su crecimiento deportivo y en su decisión de intensificar su preparación.
Hace apenas un mes, Martina alcanzó uno de sus grandes objetivos: federarse oficialmente. Su vínculo con las aguas abiertas surgió a partir de una propuesta de su entrenadora al grupo de nadadores, experiencia que la motivó a animarse a nuevos desafíos y comenzar a competir.
En su casa, el deporte es parte de la vida cotidiana: su papá, Sergio; su mamá, Marina; y sus hermanas Mía, Cata y Regi acompañan cada entrenamiento y competencia. Una de sus hermanas practica básquet y otra patín, consolidando una dinámica familiar atravesada por la actividad física y el compromiso con el deporte.
“Tratamos que hagan deporte porque les enseña disciplina y compromiso con lo que les gusta”, expresaron sus padres, quienes destacan el acompañamiento que brindan estos espacios en el crecimiento de sus hijas.
La historia de Martina es una muestra de cómo la Escuela de Verano no solo ofrece un ámbito recreativo durante la temporada, sino que también fortalece valores, genera vínculos y en muchos casos se convierte en el punto de partida para nuevos sueños deportivos.
A muy pocos días de finalizar esta edición, experiencias como la suya reafirman el impacto de estas iniciativas que promueven el acceso al deporte en los espacios públicos, acompañando a niñas, niños y jóvenes en cada etapa de su desarrollo.
