Marcelo Burgos, vecino de Agua de Oro, fue uno de los participantes de L’Étape Argentina by Tour de France, la competencia internacional que se desarrolló en Córdoba. Sus sensaciones después de haber sido parte de la carrera de nivel internacional.
Burgos tiene 48 años, es odontólogo y vive en la localidad desde los 12 años. A lo largo de su carrera profesional, trabajó en distintos dispensarios de la zona, especialmente en Agua de Oro y El Manzano, lo que lo convierte en una figura muy conocida a nivel local, tanto en el ámbito de la salud como en el deportivo.
Su vínculo con la bicicleta comenzó a temprana edad. “Hago bici desde los doce años”, cuenta. Inició en el ciclismo de ruta, luego incursionó en el mountain bike y más adelante en el triatlón, disciplina en la que compitió durante muchos años, incluyendo la participación en un Ironman en 2011 y varios medios Ironman en distintos puntos del país.
Con el nacimiento de su hija, decidió dejar el triatlón y enfocarse nuevamente en el ciclismo, combinando ruta y mountain bike, esta última como su principal disciplina en los últimos años. Entrena de manera amateur pero constante, bajo la supervisión de su entrenador Lucas Cocha, con quien trabaja desde hace tiempo.
En cuanto a su vida familiar, destacó que su hija de 10 años también está vinculada al deporte, practicando BMX Freestyle junto a un grupo asociado al campeón olímpico argentino José “Maligno” Torres Gil.
Sobre la competencia, Burgos explicó que decidió inscribirse por la magnitud del evento. “No siempre se hacen carreras de este nivel en Córdoba. Son muy organizadas, con mucha logística, lo que las hace seguras y bien diagramadas”, señaló.
El recorrido que completó correspondió a la distancia larga, de 134 kilómetros. Finalmente, valoró la experiencia como “espectacular”, destacando tanto la organización como el acompañamiento del público a lo largo del recorrido.
Para prepararse, entrenó durante los últimos cuatro meses con una rutina diaria de entre dos y tres horas de ciclismo, sumando fondos de hasta cinco horas los fines de semana, recorriendo caminos habituales de la región junto a otros ciclistas.

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