Los cordobeses que brillaron en los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026 en lucha y judo compartieron su emoción tras consagrarse campeones. Detrás de cada logro, hay historias de esfuerzo, disciplina y sueños que nunca se dejaron de perseguir.
A veces, los sueños parecen muy lejanos. Se construyen en silencio, en madrugadas frías, en entrenamientos largos, en días que empiezan temprano y terminan tarde. Pero cuando se sostienen en el tiempo, cuando hay convicción, esfuerzo, acompañamiento y pasión, encuentran su recompensa.
Eso es lo que vivieron los cordobeses Juan Álamo Torres, Thiago Carvallo y Benjamín Casas, quienes dejaron su huella en los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026 y regresaron a casa con medallas doradas, pero sobre todo con historias que inspiran.
En el estadio Mario Alberto Kempes, los tres jóvenes compartieron sus experiencias y dejaron un mensaje claro: nada es casualidad.
Benjamín Casas, campeón en lucha libre, relató el sacrificio diario que hay detrás de su logro: “Siempre soñé estar en un Juego, ya sea Sudamericano o Panamericano. Mi día empieza a las 7 de la mañana: salgo a correr, voy al gimnasio, vuelvo, voy al colegio y a la noche entreno”, contó.
Una rutina exigente que sostiene bajo la premisa de un objetivo claro: “Mi sueño es ser uno de los mejores luchadores del mundo, y lo máximo sería ser campeón olímpico”. Pero también entendiendo que no se llega solo: “Siempre hay un equipo detrás tuyo. Todo esfuerzo tiene su recompensa”.


En el tatami, Thiago Carvallo también fue en busca de ese sueño sin medias tintas:
“Yo iba a buscar el oro, era el objetivo”, dijo con simpleza. Y aunque reconoce la dificultad del camino, no duda en lo que viene: “La final fue muy dura, pero ahora ya pienso en el Panamericano y en volver a pelear por una medalla”.
Por su parte, Juan Martín Álamo Torres dejó una de las reflexiones más profundas de la jornada: “La receta es tener voluntad, no rendirse ante el primer obstáculo y confiar en uno mismo. Hay una gloria esperando detrás de cada esfuerzo, de cada llanto y cada gota de sudor”.
Sus palabras sintetizan lo que muchas veces no se ve: el detrás de escena del deporte, ese que no sale en la foto con la medalla, pero que lo explica todo.

Compartir el camino
Tanto Álamo como Thiago forman parte del programa educativo-deportivo del PIT del Kempes, un espacio donde el esfuerzo no es individual: también es compartido.
“Es muy lindo estar ahí, porque todos hacemos lo mismo, todos nos esforzamos y nos alentamos”, coincidieron. Un entorno que acompaña no solo en el rendimiento deportivo, sino también en lo humano.
Mientras Thiago se enfoca en ponerse al día con el colegio y Juan se toma unos días para recuperar energías, los tres ya piensan en lo que viene. Porque cuando un sueño se cumple, inevitablemente ya aparecen otros nuevos.
Sus historias son un reflejo de lo que el deporte puede generar: disciplina, valores, una comunidad que apoya y, sobre todo, la certeza de que los sueños —cuando se persiguen de verdad— están mucho más cerca de lo que parecen.

